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El Barroco

Literatura de la colonia


Los orígenes de la palabra barroco no están claros. Podría derivar del vocablo barrueco, término que designaba a un tipo de perlas de forma irregular. La palabra fue utilizada en forma despectiva para referirse a la extravagancia y exageración ornamental del arte posterior al Renacimiento.
Posteriormente el término barroco pasó a formar parte del vocabulario de la crítica de arte como una etiqueta para definir al estilo artístico del siglo anterior que englobaba numerosas particularidades regionales y que tendría características propias en los distintos países.
El Barroco es el período que sucedió al Renacimiento, en el siglo XVII, impregnó todas las manifestaciones culturales y artísticas europeas y se extendió también a los países hispanoamericanos hasta comienzos del siglo XVIII. Evolucionó a distinto ritmo y con distinta intensidad según los lugares, influyendo más en algunos ámbitos del arte y de la literatura que en otros y, a veces, fusionándose en mayor o menor medida con las tradiciones y las idiosincrasias locales.
Es posible afirmar que ese gran movimiento cultural y artístico es la expresión de una mentalidad y de una actitud ante el mundo que surgió simultáneamente en diversos lugares de Europa y que tuvo incluso sus equivalentes en países más remotos como Irán, China o Japón.


Antecedentes

El Barroco se propagó rápidamente por toda Europa y en cada país evolucionó hacia diferentes versiones dependiendo de su particular situación política, religiosa y económica. Esta evolución del arte barroco y de sus diversas formas se desarrolló en una situación marcada por hechos políticos y religiosos.

Lo político

En el aspecto político se afirmaron las monarquías absolutas que ejercieron un poder totalitario, expansionista y colonialista. Estas monarquías impulsaron la creación de obras que reflejaran grandiosidad y esplendor e impusieron complejos protocolos y expresiones de lujo que se convirtieron en moda en todas las cortes europeas.
Numerosos enfrentamientos, como la guerra de los Treinta Años, y prolongadas pestes, dejaron el saldo de una población diezmada y una marcada decadencia interna con agudas diferencias sociales. El hambre, la guerra y la miseria contrastaban frente a las monarquías de suntuosos palacios, rebuscadas formas cortesanas y de imponentes iglesias.

Lo religioso

Martín Lutero, un sacerdote católico que se opone a la venta de indulgencias, inicia la Reforma Protestante en 1517 al ser expulsado de la Iglesia católica y con ello rompe definitivamente su unidad política y religiosa.

La Iglesia Católica inició la llamada Contrarreforma para combatir al protestantismo y se convirtió en el patrocinador más influyente del arte barroco contribuyendo a la formación de un arte que tenía como fin propagar las verdades de la fe católica impulsando su enseñanza por medio de las imágenes.

En su intento por restablecer su pretensión de autoridad universal y con un notable sentido de la oportunidad, la Iglesia hizo del arte barroco un medio de combate contra el Protestantismo y una forma de difusión de sus creencias religiosas.

El paisaje de la Europa católica se llenó de monumentos religiosos, de crucifijos, estatuas de santos, ermitas al borde de los caminos y una gran cantidad de nuevos monasterios.
Se estableció una estrecha relación entre la arquitectura y el entorno, con el objeto de transformarlo en un “espacio sagrado” que recordara a todos “la fe verdadera”. Para lograr esta finalidad, las obras de arte debían ser sugestivas y exuberantes.

La Oposición al Clasicismo
 
Se llamó Clasicismo a la propuesta artística del Renacimiento que a partir del siglo XV va a revalorizar la antigüedad griega y romana para oponerse a la Edad Media. Esta visión clásica desarrollada por Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Rafael y Boticelli se basaba en el humanismo, el equilibrio, lo estático y lo sereno de un arte que imitaba las reglas fijas y establecidas por la razón grecorromana

De acuerdo al historiador suizo Heinrich Wölfflin, para comprender mejor al Barroco se pueden oponer sus elementos característicos con los del Clasicismo renacentista:


Clasicismo              Barroco

Visión lineal   _____   Visión teatral
     Equilibrio   _____    Desequilibrio
Simetría    _____    Asimetría
    Claridad   _____    Complejidad
Simplicidad     _____    Multiplicidad
Estático     _____    Dinámico















"Mientras el espacio renacentista es reducible a la superficie, el espacio barroco se desarrolla en profundidad; de ahí su dinamismo, que obliga a la mirada a avanzar y a retroceder, temiendo siempre dejar escapar la forma; de ahí la insistencia barroca en las líneas oblicuas y curvas y en las superficies alabeadas que destruyen la cuadrícula renacentista de horizontales y verticales; de ahí los retorcimientos y los movimientos impetuosos, la utilización de los efectos luminosos y la disolución de contornos en la penumbra. El resultado es que la contemplación lúcida se hace imposible, todo queda sometido a la inquietud de la emoción y del deseo".

Heinrich Wölfflin 

Principios fundamentales de Historia del Arte (1915)


   Características del barroco

Dentro de las múltiples formas del Barroco, de las variaciones que irá desarrollando a lo largo del tiempo y de las particularidades que tendrá en cada país, podrían considerarse, a modo de síntesis, dos características fundamentales: la complejidad y la visión teatral.

1- La complejidad del Barroco
Una de las maneras más características que presentará el Barroco es su gran complejidad en las formas. Su estilo rebuscado con una permanente tendencia a la exaltación ornamental y a la multiplicación de elementos decorativos se expresará en una literatura de formas retorcidas y complicadas que sólo algunas minorías preparadas podrán entender. Nada es sencillo ni simple, sino que el concepto de belleza está dado por la dificultad y la originalidad de sus formas.


A la claridad racional del Renacimiento el Barroco le va a oponer la oscuridad compleja de un arte que cuestiona la realidad mediante permanentes contrastes. Esta complejidad se pondrá de manifiesto en la multiplicidad, el desequilibrio y la asimetría.

Multiplicidad

El Barroco es el arte de lo abundante, de lo exagerado, sus espacios están repletos de figuras, de personajes, de imágenes. Hay un horror vacui (temor al vacío) que empuja al artista a llenar todos los espacios para reforzar la sensación de movimiento y de espontaneidad que pretende para sus escenas.

Desequilibrio
A diferencia del clasicismo renacentista, el Barroco propone un constante desequilibrio en sus formas con el objeto de acentuar la sensación de movimiento dentro de sus figuras.

Asimetría

En la pintura, en la escultura y en la arquitectura de iglesias y palacios, el Barroco, abandonará los ejes simétricos y las formas simples en la búsqueda permanente del movimiento y de la oscuridad. Los elementos artísticos presentarán un aparente desorden para reforzar la idea de espontaneidad.
                        
                      2- La visión teatral

La imagen del mundo como un escenario fue la base de la concepción de la condición humana que tuvo el Barroco. Este gusto por lo teatral se repite en todas las principales literaturas europeas y en sus diversas expresiones del arte.
Cuando en 1638 se inauguró el teatro de Amsterdan se leían en su frente los versos del poeta holandés Vondel: “El mundo es un teatro; cada cual interpreta su papel y recibe la recompensa que merece.”
Al mismo tiempo en España, Calderón de la Barca, escribía su obra El Gran Teatro del Mundo, donde Dios es el autor de una obra que, levantado el telón del caos, será representada por diversos tipos humanos en un teatro que es el mundo.


Monarquía y teatro 
Gracias a la alianza entre la monarquía absoluta y el teatro el Barroco brilló con gran fulgor en las fabulosas representaciones de dramas y comedias que los poderosos soberanos del siglo XVII ordenaban presentar en sus nuevos y espléndidos palacios.
Por esta alianza, el Barroco, no se limitó a las representaciones del teatro sagrado en las liturgias de las iglesias, sino que también apoyó a la sociedad monárquica y aristocrática y brindó un decorado indispensable para el ceremonial de la liturgia cortesana. En los frentes de los palacios, en las paredes de los salones, en los parques, los estanques y las fuentes, con su arquitectura y sus esculturas, el Barroco proclamó las virtudes del sistema monárquico.
Los palacios se cubrieron de arcos triunfales, cortinas y catafalcos que imitaban la arquitectura teatral. Así como en las imágenes sagradas hay un marcado éxtasis religioso y en las iglesias el cielo se torna visible en las bóvedas con las pinturas ilusionistas, algo similar sucedía en los palacios de la nobleza pues, como los príncipes gobernaban “por la gracia de Dios”, también debían exponer y realzar los verdaderos fundamentos de la fe.

El naturalismo 

El arte barroco recibió las influencias del naturalismo humanista del Renacimiento, en especial de Miguel Ángel. En sus cuadros aparecen a menudo personajes reales, sacados de la vida diaria, ocupados en actividades cotidianas. Aun las escenas de temas mitológicos y religiosos conservan esta característica.

En el naturalismo barroco las figuras no se representan como simples estereotipos sino de manera individualizada, con su personalidad propia. Se busca la representación de los sentimientos interiores, las pasiones y los temperamentos reflejados en los rostros de sus personajes.

En la pintura la intensidad e inmediatez, el individualismo, el detalle amplificado, las representaciones realistas de la piel y las vestimentas y el contraste entre luces y sombras muestran el esfuerzo por cotidianizar lo maravilloso y lo sobrenatural.


Este naturalismo, que expresa el sentido teatral del Barroco, llega a su mayor expresión en la escultura. Las imágenes religiosas talladas en madera son pintadas con colores naturales, vestidas con trajes bordados, recubiertas de adornos pintados al óleo, provistas de ojos de cristal, pestañas y cabellos postizos para acentuar su aspecto de seres humanos.

El Barroco también abrió la escena teatral al exterior mediante fastuosas procesiones que llevaban a estas imágenes de tamaño natural.

El ilusionismo

A partir de la idea de hacer del mundo un teatro se considera a las iglesias como un teatrum sacrum (teatro sagrado) en el que se representan las escenas religiosas y, mediante el recurso del ilusionismo el interior de los templos se cubre de complejas escenografías teatrales.


La pintura barroca, cuyo momento clave fue a finales de 1620, introdujo un efecto monumental en sus obras a partir de la representación de espacios ilimitados. Esta técnica fue muy empleada en la pintura al fresco de bóvedas y techos mediante la creación de grandes escenas para ser vistas de abajo hacia arriba.

En un alarde de perspectiva se fingen arquitecturas que prolongan a las reales y simulan una gran cúpula que no existe. Este tipo de pintura exigía grandes conocimientos matemáticos y recibió el nombre de cuadratura. A la manera de una escena teatral se crea una escenografía que pretende reflejar la realidad.

La ambigüedad y el ilusionismo convierten al Barroco en un arte del espectáculo que mantiene una lucha constante entre la ilusión y la realidad, entre naturalismo e ilusionismo lo que se expresa en frecuentes contrastes.

El contraste

La técnica del contraste es uno de los elementos primordiales del Barroco. Lo lindo y lo feo, lo pequeño y lo gigantesco, la luz y la oscuridad, la bondad y la maldad son siempre dos facetas de un único principio. De esta manera lo hermoso puede ser deforme, como lo monstruoso ser muestra de la belleza.
El arte literario barroco lo abarca todo. La vida con sus contrastes es fuente de belleza y en ella se incluyen todas sus deformaciones. En el arte pictórico de Velázquez pueden unirse los bufones con la belleza aérea de las Meninas o el cíclope Polifemo con la ninfa Galatea en la fábula de Góngora.

En una misma obra literaria se pasa sin transición de un plano de contraste a otro. Luces y sombras, lo grotesco y lo formal vulgaridad y refinamiento, lo afectivo y lo intelectual.

El Barroco es un arte que expresaba la espiritualidad de una intensa fe en escenas de éxtasis, martirios y apariciones milagrosas y, a la vez, en la frivolidad de una sociedad que vivía como si estuviera en un escenario y para la cual el teatro era más real que la vida.
Los contrastes de luces y sombras realzan los efectos escenográficos de cuadros, esculturas y obras arquitectónicas. La luz, como en el teatro, surge desde una fuente oculta y remarca una parte de la escena.

En la literatura barroca estos contrastes se expresan en el reiterado uso de la antítesis y el oxímoron como recursos para representar los opuestos que tanto gustaban a sus artistas. 

 Yo velo cuando tú duermes; yo lloro cuando tú cantas; yo me desmayo de ayuno cuando tú estás perezoso y desalentado de puro harto…” Miguel de Cervantes, El Quijote.

El movimiento 
El Barroco es un arte de lo instantáneo que intenta atrapar el movimiento en su momento cúspide. Con su dinamismo se opone a la propuesta de quietud y serenidad del Clasicismo.

Tanto la pintura como la escultura barroca se expresan como si estuvieran en un escenario teatral y la escena que representan refleja un instante captado espontáneamente.

La mitología

El Barroco utilizó indistintamente los dos sistemas de códigos vigentes: la iconografía cristiana de la Biblia y la mitología grecolatina.
El uso de la mitología griega y romana no se contradecía con la fe cristiana pues estas no eran utilizadas en su aspecto religioso sino que sus personajes y relatos funcionaban como símbolos que representaban ideas morales o éticas. 
Pero en todos los casos los personajes mitológicos, griegos o cristianos, eran puestos como actores que representaban su papel en una demostración escénica marcada por el dramatismo. 



Clasicismo y Barroco en la pintura


En La anunciación de Leonardo da Vinci el equilibrio de la composición está sostenido por una perfecta simetría de tres partes: el ángel, un espacio central y la Virgen.
Los suaves movimientos de los dos personajes son perfectamente simétricos. El brazo derecho del ángel en actitud de bendecir o de anunciar, mientras el izquierdo sostiene un lirio, se corresponde con el brazo derecho de la Virgen apoyado en el pupitre con el gesto de hojear un libro, mientras su mano izquierda se levanta en señal de aceptación.
El cuadro se lee de manera simple y lineal de izquierda a derecha y refiere el momento bíblico en que el ángel anuncia a la Virgen que será madre de Jesús. Sus dos personajes están en perfecta simetría y equilibrio de formas. La escena, situada en un espacio abierto al aire libre, muestra una marcada serenidad y quietud.


Por el contrario, “Las meninas”, antes llamado “El cuadro de la familia” reúne las principales características del arte barroco.
La escena nos presenta a Velázquez mientras realiza el retrato de la familia real. Junto al pintor aparece la infanta Margarita con sus damas de compañía, dos enanos, dos religiosos y en el fondo alguien que observa la escena desde una escalera.
Ocupando la misma posición del observador del cuadro, sentados frente a la escena, se encuentran el rey Felipe IV y su esposa, los que están siendo retratados y se reflejan en el espejo que está junto a la puerta del fondo.
El cuadro presenta una total asimetría donde, a pesar de ofrecer un ambiente con un gran salón muy alto, todos los personajes están ubicados en la mitad inferior.
Aunque la figura central es la infanta Margarita ni la perspectiva ni el punto de fuga llevan a ella sino a la puerta abierta en el fondo, dando la sensación de pasar a través del cuadro. 
La escena está cargada de movimiento y su lectura es compleja. Hay un gran número de personajes vistos cada uno en un gesto dinámico y espontáneo dentro de un ambiente cerrado y en una escena cotidiana y familiar.
                               

El barroco español

El Barroco español estará estrechamente ligado a la Contrarreforma que lo utilizará para la difusión de su posición religiosa. Cuando sube al trono Felipe III (1598-1621), España, ha dejado de ser la primera potencia europea y comienza un período de declinación económica.
 El arte barroco reflejará esa crisis nacional y la decadencia espiritual, moral y religiosa del pueblo que se corresponde históricamente con la pérdida del prestigio español y de la hegemonía política. Detrás de sus formas ornamentales y complejas estará oculta la realidad de un espíritu desengañado y en crisis. Será un estilo dinámico y complicado que buscará los contrastes entre lo serio y lo trivial, lo bello y lo grotesco, lo ideal y lo real. Desde el punto de vista estético sobresalen las siguientes características:
- la búsqueda de la novedad y la sorpresa en lo extraño;
- el gusto por la dificultad, a partir de la idea de que si nada es estable, todo debe ser descifrado;
- la tendencia al artificio y al ingenio;
- la noción de que en lo inacabado reside el supremo ideal de una obra artística.   

En la literatura barroca española van a coexistir dos corrientes literarias que, aunque pertenecen al mismo movimiento, van tener diferencias y una manera distinta de expresarse. Estas dos corrientes serán: el culteranismo y el conceptismo.

El culteranismo
Privilegia las formas retorcidas y complicadas que sólo algunas minorías preparadas pueden entender. Intensifica los elementos sensoriales, preocupado por el preciosismo y los artificios formales a través de novedosas metáforas, la adjetivación, el hipérbaton forzado o efectos rítmicos y musicales del lenguaje.

Góngora
Luis de Góngora y Argote (1561-1627) es el mayor representante del Culteranismo. Sus obras máximas son la Fábula de Polifemo y Galatea y las Soledades. Con un barroquismo cubierto de decoraciones y complicadas formas que lo hacen muy difícil, el estilo de Góngora sustituye los elementos de la realidad cotidiana por un complicado lenguaje metafórico.
Su objetivo es enriquecer y embellecer la realidad vulgar con un lenguaje rebuscado y difícil lleno de constantes alusiones mitológicas. Se separa del lenguaje directo y utiliza relaciones novedosas, ingeniosas y exuberantes.
Por ejemplo, para no nombrar directamente a las gallinas dice:

...crestadas aves
cuyo lascivo esposo vigilante
doméstico es del sol nuncio canoro,
y -de coral barbado- no de oro
ciñe, sino de púrpura, turbante.

A una dama
En el cristal de tu divina mano
de Amor bebí el dulcísimo veneno,
néctar ardiente que me abrasa el seno,
y templar con la ausencia pensé en vano.
 

Tal Claudia bella, del rapaz tirano
es arpón de oro tu mirar sereno,
que cuanto más ausente dél, más peno,
de sus golpes el pecho menos sano.
 

Tus cadenas al pie, lloro al ruïdo
de un eslabón y otro mi destierro,
más desviado, pero más perdido.
 

¿Cuándo será aquel día que por yerro,
oh serafín, desates, bien nacido,
con mano de cristal nudos de hierro?
 


A una rosa

Ayer naciste, y morirás mañana.
Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida,
y para no ser nada estás lozana?

Sí te engañó su hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.

Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.

No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para tu vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.


El conceptismo

El Conceptismo, que debe su nombre a la obra Conceptos espirituales de Alonso de Ledesma, a diferencia del Culteranismo, es un estilo que tiende a darle más importancia a las ideas y a los conceptos ingeniosos que sólo a la forma. Utiliza la sátira para mostrar su crítica social y su desencanto por la vida.

Su forma literaria se basa en la condensación expresiva mediante la polisemia, las elipsis, las oposiciones de contrarios o antítesis, las paradojas y en toda forma literaria que exija agudeza conceptual.

Quevedo

Francisco de Quevedo y Villegas (1580-1645) es el principal representante del Conceptismo pues en él se entrelazan los conceptos y las ideas ingeniosas del juego verbal con la aguda crítica social.
Hombre amargado, severo, culto y cortesano, escribió las páginas burlescas y satíricas más brillantes y populares de la literatura española, pero también una obra lírica tiene una gran importancia.
Sus textos morales y políticos tienen una gran profundidad intelectual y sus composiciones amorosas ofrecen una gran intensidad. Esta fusión o doble visión del mundo lo hace ser el gran representante del Barroco español.

Del amor más poderoso que la muerte


Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra
que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

 
mas no de esotra parte en la ribera
dejará la memoria en donde ardía;
nadar sabe mi llama la agua fría
y perder el respeto a ley severa.

 
Alma, a quien todo un dios prisión ha sido,
venas, que humor a tanto fuego han dado,
médulas, que han gloriosamente ardido,

 
su forma dejarán, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido,
polvo serán, mas polvo enamorado.

 

A una nariz

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

 
érase un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado,

 
érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era,
 

érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás fuera delito.



Aunque el Culteranismo y el Conceptismo manifiesten diferencias las dos corrientes pertenecen al Barroco español. Si bien los conceptistas gustaron de cultivar el ingenio, de sorprender con inesperadas agudezas y los culteranos ahondaron en las posibilidades de la luz, del color y de los materiales sonoros, tanto unos como otros rindieron tributo a lo artificioso y a las formas complejas.


Ambos se alejaron de las normas impuestas y, aunque no dejaron de imitar el arte clásico, soñaron con superarlo llegando a extravagancias sin límites. No puede extrañar que un escritor tan profundo como Quevedo cante al bostezo de una dama o que Lope de Vega se regocije con peleas de gatos o que se cante melancólicamente a la vida, a las ruinas de una ciudad o a la monumentalidad de un edificio.


La música barroca

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