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Origen del Castellano


¿Español o castellano?

El español es el idioma oficial de España y de la mayoría de las naciones latinoamericanas, (excepto Brasil, Haití y la Guayana). También lo hablan los habitantes de origen hispánico que viven en Estados Unidos, cientos de miles de filipinos, grupos nacionales saharauis y de la República de Guinea en la costa occidental africana. Lo hablan como primera y segunda lengua entre 450 y 500 millones de personas, siendo la tercera lengua más hablada del planeta detrás del chino mandarín y el inglés.

También se lo llama castellano, por ser el nombre de la comunidad lingüística originaria de Castilla que lo habló en tiempos medievales y que se impuso políticamente en la península. Pero en España permanece la polémica en torno a su denominación, ya que el término español no es admitido por los hablantes bilingües, que entienden que esa denominación incluye también al gallego, al catalán y al vasco.

En los países latinoamericanos se han conservado las dos denominaciones y son usadas como sinónimos. Si bien el término español plantea el carácter oficial e integrado de una lengua que ocupa el tercer lugar entre las lenguas del mundo, tienen tanto derecho los españoles a llamar así a su lengua como los argentinos, venezolanos o mexicanos de calificarla como lengua argentina, venezolana o mexicana, etc, atendiendo a las innumerables particularidades de cada región.

Lenguas prerrománicas

Antes de la invasión romana la península ibérica estuvo habitada por diversos pueblos cuyas lenguas, al fusionarse con el latín, dejaron huellas en el idioma de los romanos y serán la base de las diferentes lenguas neolatinas o romances que surgirán después. Entre estos pueblos, los más importantes fueron:

Celtas: Provienen del centro de Europa, se establecen en la zona central de Aragón y al mezclarse con los íberos forman los celtíberos.  Coimbra - Segovia - braga - cabaña - vasallo - legua - perro - salmón -  alondra
Tartesios o turdetanos: Se establecen al sudoeste y su origen es aún desconocido.
Fenicios: Arman colonias al sur de la península en el 1100 a. de C. Dejan nombres geográficos como: Cádiz Málaga - Cartagena - Hispania (tierra de conejos)
Griegos: Influyen desde sus colonias, pero sobre todo a través del latín, pues los romanos habían tomado muchos de sus vocablos: Alicante  -  Ampurias  -  bodega  -  cámara  -  baño - ancla  -  idea  -  fantasía - música -  filosofía  - tragedia - comedia - drama - oda - escuela - pedagogo
Ligures: Pueblo que también pobló zonas italianas, en España dejaron sufijos característicos: -asco, -osco ,-usco, -ona y nombres como: Velasco - Barcelona
Iberos: Antiguos pobladores de la zona mediterránea, dejaron el nombre de Iberia a la península.
Vascos: Establecidos en la zona cantabro-pirenaica, su lengua es de origen desconocido, pero la forma de articular y ciertas particularidades gramaticales tendrán gran influencia en el castellano debido a que Castilla se fundó en un territorio de influencia vasca, entre Cantabria y el norte de León. Además, las tierras que los castellanos ganaron a los árabes se repoblaron con vascos que ocuparon puestos importantes en la corte castellana hasta el siglo XIV. Del vasco provienen dos fenómenos fonéticos que serán característicos del castellano. La introducción del sufijo -rro, presente en los vocablos carro, cerro, guijarro, pizarra; que será uno de los rasgos definidores del sistema fonético español.
La otra herencia consiste en el rechazo que el vasco tiene por la f inicial lo que va a determinar su desaparición. Primero fue una h aspirada y luego muda:  filium > fijo> hijo;    folia> foja> hoja
Proceden del vasco: Javier - Iñigo - García - Aranjuez  -  aquelarre -  boina  -  izquierdo  -  cencerro

Los romanos

 En el año 218 a. de C. los romanos invadieron la península ibérica y en el 19 a. de C. establecieron allí su poderío militar y económico. Permanecieron hasta el siglo V y en ese largo tiempo, crearon una sólida estructura administrativa y una red de rutas que comunicaba a las diferentes comunidades y sostenía la unidad cultural y lingüística de la península y de todo el Imperio Romano.

Los romanos hablaban el latín, una lengua traída a la península itálica por pueblos que procedían del norte y que pertenecía a la familia de las lenguas indoeuropeas.
Con la expansión romana, el latín se convertirá en la lengua común a todo el Imperio e irá desplazando o fusionándose con las lenguas de cada región para dar origen a las diversas lenguas romances, llamadas así por su origen romano.
 

RÓMULO Y REMO

 En el reino de Alba Longa, Amulio, luego de la muerte de su padre, había usurpado el trono expulsando a su hermano mayor Numitor y, para asegurarse que nadie vengaría su delito, asesina al hijo de este y consagra a su hija, Rea Silvia, a servir de vestal,con lo que la obligaba a mantenerse virgen y no tener descendencia.
Pero el dios Marte se enamora de Rea y esta da a luz a dos gemelos, Rómulo y Remo. Al enterarse, el rey encarcela a Rea y manda exponer a los niños en una canasta en el río Tíber. Una loba, que acababa de parir a sus crías, los cuida y amamanta hasta que son hallados por unos pastores.
Siendo adultos, Remo es hecho prisionero y llevado ante el rey de Alba. Rómulo va en ayuda de su hermano con un grupo de campesinos, se apodera del palacio, da muerte a Amulio y restituye en el trono a su abuelo Numitor.
Los hermanos deciden fundar una ciudad en el lugar donde fueron salvados y ante la discusión del lugar deciden consultar a los dioses. Los presagios favorecen a Rómulo quien marca el primer recinto con un foso abierto por un arado. Remo se burla y penetra en el lugar que su hermano acaba de consagrar. Ante esta ofensa, Rómulo lo mata con su espada.
Después de la fundación de la ciudad, Rómulo se preocupa en poblarla dando asilo a cuantos estuvieran fuera de la ley y, ante la falta de mujeres, organiza unas grandes carreras con el fin de raptar a las hijas de los sabinos. Este hecho provoca una guerra y una posterior y final alianza con estos pueblos.
El reinado de Rómuno se extiende por treinta y tres años.

 
La lengua de los romanos

El latín era la lengua de todo el Imperio romano y si bien presentaba una variedad de niveles de expresiones de acuerdo a las regiones y a las diferentes circunstancias lingüísticas, tuvo dos formas de marcada diferencia llamadas: el latín clásico y el latín vulgar.

 El latín clásico

 Se denomina latín clásico al que había alcanzado un gran refinamiento durante la época imperial y que se había desarrollado en forma literaria, por lo que se expresaba especialmente de manera escrita aunque tenía también una forma hablada llamada sermo quotidianus o coloquio habitual. 

El latín clásico:
Se expresaba principalmente en forma escrita
Usaba declinaciones y una sintaxis muy compleja
Utilizaba un vocabulario muy rebuscado y complejo
Usaba permanentemente el hipérbaton (cambio del orden de la oración, el verbo al final)
Hacía constantes referencias a la mitología griega
Era utilizado exclusivamente por personas instruidas

 El Latín vulgar

 El sermo plebeius, llamado también latín vulgar, era la lengua del pueblo común (el término vulgar no indica vulgaridad, sino vulgo o pueblo). Era hablado por la masa de la población: obreros, magistrados, comerciantes, colonos, soldados, etc. y fue la lengua que se implantó en todo el Imperio.

El latín vulgar:
Era una lengua esencialmente oral
Simplificó la sintaxis y abandonó el uso del hipérbaton
Suprimió las declinaciones
Simplificó y redujo el vocabulario (casa por domus;  caballo por aequus)
Sonorizó las consonantes sordas (vita > vida)
Eliminó los sonidos finales de palabras (caballum > caballu > caballo)
La unidad del Imperio Romano era política y lingüística, había un solo gobierno: el de Roma y una sola lengua: el latín vulgar.
Por ser la lengua que hablaban todos estaba en permanente contacto con las lenguas nativas de cada región, de las que recibirá su influencia y luego evolucionará dando origen a las lenguas romances.



Se vienen los bárbaros

En el siglo V las provincias del Imperio romano de Occidente comenzaron a rebelarse ante el  empobrecimiento provocado por los impuestos crecientes que los romanos exigían para mantener a su ejército frente a  las invasiones de los germanos, pagar su propia burocracia y la guerra civil interna.
Al inicio tuvo éxito una política conciliadora con los invasores al nombrarlos en cargos militares del ejército o administrativos en el gobierno romano.
Pero luego, los pueblos invasores del Este emprendieron la conquista y en el 410 Alarico I, rey de los visigodos, conquistó y saqueó Roma.
El latín después del Imperio

Dentro de las diferencias regionales, el latín vulgar mantuvo su uniformidad durante toda la época imperial. Pero, destruido el Imperio, las provincias quedaron aisladas y la unidad lingüística se quebró.
Los nuevos conquistadores (francos, alanos, suevos ostrogodos, visigodos, etc.) con marcadas diferencias en sus lenguas y en sus culturas no lograron conservar la unidad política ni administrativa. De esta manera, las diferencias regionales que ya existían durante el Imperio Romano, se ahondaron cada vez más y surgieron distintos dialectos e idiomas.
De la permanencia germánica en la península ibérica quedaron vocablos como:
Militares: guerra - yelmo - dardo -  heraldo - robar - ganar - albergue ‑ estribo ‑ espuela.
Uso corriente: cofia - falda - sala ‑ arpa - parra ‑ estaca - aspa - rueca ‑  ganso ‑ marta - alevoso - orgullo
Nombres: Álvaro - Fernán - Rodrigo - Rosendo - Elvira - Gonzalo - Alfonso - Ramiro - Burgos - Andalucía

 El latín-español

Cuando los bárbaros se instalan en la península ibérica (alanos, vándalos, suevos y visigodos) los habitantes continuaban hablando el latín vulgar, pero rotos los contactos entre las distintas regiones comenzarán a evolucionar en forma diferente y a surgir las nuevas lenguas. En este lento pasaje hacia las lenguas romances se encuentra el latín-español.
Se denomina latín-español a esa nueva lengua en evolución que nace siendo latín vulgar, se mezcla con las lenguas nativas y termina, una vez fijada como nuevo idioma, en castellano, catalán, gallego, etc.
Es una lengua de transición de la que poco se sabe, dada la escasez de testimonios escritos. Algunas noticias de sus particularidades recoge el historiador Plinio y San Isidoro, obispo de Sevilla, quien da algunos datos del vocabulario latín‑español en la más remota Edad Media,
Los siglos pasan lentamente, mientras las nuevas lenguas van buscando sus formas definitivas en boca de los hablantes hispano‑romanos.
Las lenguas romances
 Mientras el Imperio Romano se mantuvo intacto y poderoso, a su unidad política le correspondió la unidad lingüística dada por el latín vulgar hablado en todos los territorios ocupados por los romanos.
Cuando en el siglo V las tribus bárbaras invaden y quebrantan el ya decadente Imperio, se rompe la unidad política y lingüística. Los caminos construidos por los romanos son abandonados y las provincias pierden el contacto entre sí. Los nuevos conquistadores no logran imponer su cultura ni su idioma.
Los nativos de cada región siguen hablando el latín vulgar en gran parte del Imperio; pero al ignorar­se entre sí, al no tener comunicaciones ni contactos, las diferencias lingüísticas se hacen cada vez mayores. Cada vez se diferencia más, por ejemplo, el latín vulgar hablado en la antigua Galia (Francia), del que se habla en la península ibérica o en la itálica; y llega un momento en que de una sola lengua madre, el latín vulgar, han nacido diversas lenguas hermanas entre sí.
Las lenguas romances o neolatinas son: el castellano, el rumano, el italiano, el francés, el provenzal, el gallego, el portugués, el catalán, y el sardo.
De esta manera, el castellano es uno de los varios estados de transformación a que llegó el latín vulgar hablado en las provincias del ex Imperio Romano.
A estas lenguas romances deben agregarse:
 - leonés y el navarro-aragonés: absorbidas por el castellano;
 - rético: hablado en los valles alpinos y que
   incluye al grisón, romanche, tirolés y friulano.
- ladino: hablado por los judíos sefaraditas, es un castellano con elementos hebreos.




La invasión árabe
En el año 711 los árabes invaden la pe­nínsula ibérica y permanecen en ella hasta 1492, en que son expulsados definitivamente. A pesar de residir en la península durante casi ocho siglos, poseer una cultura superior y refinada y mantener etapas de convivencia y entendimiento, los árabes no logran imponer su lengua. El arraigo de los españoles a su tierra y su rechazo hacia un pueblo de distinta raza­ y religión impidieron que se produjera la asimilación lingüística. Pero la larga permanen­cia de los árabes en España dejará importantes huellas en la cultura y en la lengua peninsulares.
La herencia del árabe
El árabe influyó en el cambio de la s- inicial latina por  j- como en jabón (del latín saponem). Añadió el sufijo en la formación de adjetivos y nombres como jabalí, mara­vedí, marroquí, borceguí o carmesí.
De los árabes se aprendió a contar y medir con ceros, quilates, quintales, fanegas y arrobas. Y de su organización social y política quedarán la función y la denominación de alcaldes, alguaciles, albaceas.
Cultivaron albaricoques, acelgas, algarrobas, alca­chofa, alfalfa, berenjena, zanahoria, azucena, azahar, alhelí, arrayán, y demás términos vinculados con su habilidad para la agricultura y la jardinería, que cuidaban y regaban por medio de acequias, aljibes, norias y azadones.
De las ciencias: álgebra ‑ cifra ‑ guarismo ‑ alambique ‑ alquimia ‑ alcohol ‑ elixir jarabe ‑ alcanfor.
De oficios: alfareros, albañiles que construían alcantarillas, tabiques, alcobas, zaguanes o azoteas
Del comercio: almacén - aduana ‑ arancel – almonedas.
Toponímicos: La Mancha ‑ Alcalá ‑ Medina ‑ Guadalajara ‑ Guadalquivir ‑ Gibraltar ‑  Medinaceli
Otros:  arrabal  ‑  aldea  ‑  almohada ‑  alfombra  ‑  jofaina ‑ albóndiga ‑ almíbar  ‑  arrope -  alfeñique ‑  jubón - babucha - ajedrez  -  laúd - tarea ‑ recamar ‑ taza ‑ jarro ‑ ajorcas ‑ azogue ‑ azulejo

La expansión del castellano


 La reconquista de España se realiza de norte a sur y es Castilla quien lleva la vanguardia en esta lucha.
Las diferencias internas de los musulmanes facilitan la tarea de expansión de los reinos cristianos que se han ido consolidando y aspiran a lograr la hegemonía de la península.
En ese momento conviven en la península diferentes reinos y con ellos distintos dominios lingüísticos: el castellano, el leonés, el navarro-aragonés y el galaico-portugués.
En el sur, las comunidades hispanas que conviven bajo el dominio árabe, pero conservan su lengua heredada, hablaban el mozárabe.
                                    
Castilla
La España del norte está dividida en pequeños reinos que luchan entre sí por el poder y, en ocasiones, se unen para combatir contra los moros. Allí un grupo de condados dependientes del reino de León se unifican y constituyen una región fortificada a la que llaman Castilla por ser un lugar habitado por muchos castillos.
Muy pronto esta región se transforma en un reino independiente y será tal su fuerza guerrera, política y lingüística que acabará por imponerse sobre los otros reinos cristianos y avanzará invencible sobre los territorios ocupados por los árabes.
Desde temprano, Castilla, a pesar de ser menos importante que León, está a la vanguardia de las iniciativas guerreras, políticas y lingüísticas.
 Durante el período del latín‑español es la primera en registrar cambios en su evolución lingüística.
 En el siglo XI, su poderío crece paralelo al de León y Navarra, sus clásicas rivales y pronto se pone a su frente e, incluso, llega a absorber sus lenguas.
 Desde el comienzo de su separación del latín, el castellano es tan innovador en su evolución como lo son los habitantes de Castilla en lo político.

La lengua oficial

Los primeros escritos conocidos del castellano son las Glosas Silenses del monasterio de Silos y las Glosas Emilianenses, del monasterio de San Millán de la Cogolla. Estas eran anotaciones escritas por los copistas medievales en lengua romance en el borde de los textos en latín y son el primer testimonio escrito de esa nueva lengua que ya se hablaba.
En el siglo XIII se da el primer paso para convertir al castellano en la lengua oficial del reino de Castilla y León cuando el rey Alfonso X manda componer en romance y no en latín las grandes obras históricas, astronómicas y legales, entre ellas una traducción de la Biblia.
Después de sucesivas alianzas y haber absor­bido a las otras dos lenguas romances principales que se hablaban en la región  (leonés y navarro‑aragonés), el castellano triunfa en 1479 como lengua nacional de España cuando las coronas de Castilla y Aragón se unen en las personas de los Reyes Católicos.
Con el casamiento de Isabel y Fernando, se concreta la hegemonía de este nuevo poder y se consolida como la lengua dominante frente a los otros dialectos.
A partir de allí, el castellano es la lengua de los documentos legales, de la administración y de la política exterior. Y, cuando finalmente se logra la total unificación política de la península, se declara al castellano como la lengua oficial.
En 1492 se producen tres acontecimientos decisivos:
 1. se expulsa a los árabes del reino de Granada,
 2. se descubre Amrica
 3. Elio Antonio de Nebrija publica la primera Gramática Castellana.
El primero de estos hechos consolida la unidad política y lingüística de la península; el segundo, extiende el poderío de España y expande el castellano por todo un nuevo mundo;  y el tercero le da a la nueva lengua su unidad normativa.