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Delia


Las nuevas tecnologías ofrecen, a veces, duras dificultades para las generaciones menos nuevas, pero también algunos beneficios colaterales.
La tía Delia, por razones de índice alfabético, me tiene en los primeros contactos de su celular y, seguramente, por las complicaciones de los anteojos que nunca están a mano, suele incurrir en errores en su tecleado.
Así, en más de una ocasión, especialmente en el comienzo de la noche, me suelen llegar reiterados mensajes vacíos de la tía Delia. Frente a la pequeña pantalla, la imagino en su cocina olorosa intentando comunicarse con sus afectos lejanos, siguiendo las vicisitudes familiares y se me viene su voz calma de paciente maestra, caminando niño de su mano o, ya compadre, con las trabajadas tortas cumpleañeras, su casa refugio en los domingos de lluvia y en aquel tiempo de pasajero cercano. 
La tía Delia no sabe cuántas cosas me dicen sus equivocados mensajes vacíos.