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Vaticinio

Al reiterarle el tercer oráculo, con total certeza, el mismo augurio de que moriría ahogado decidió no darse por vencido y tomar precauciones.

Canceló para siempre sus viajes en barco. Abandonó los veraneos en playas, piletas y en todo lugar cercano a un espejo de agua. Por las dudas evitó ingresar en minas abandonadas o en cuevas de cualquier índole.

Dejó de ir a recitales y a partidos donde hubiera grandes aglomeraciones. Incluso prescindió de viajar en subte en horas pico y en las demás también.

Aleccionado por casos famosos, descartó de su comida los huesos de pollo, las aceitunas y finalmente todo alimento que tuviese un cierto volumen.

Pensando en el humo de los incendios desmanteló su casa de todo objeto que fuese combustible. Se deshizo de los libros, desconectó la electricidad y el gas, especialmente el gas, los muebles y las telas. El frío podía llegar a ser insoportable sin calefacción y sin vestimenta, pero toda precaución valía la pena.

Por eso, cuando esa tarde de primavera, el asma comenzó a cerrarle definitivamente los pulmones comprendió que no había sido suficiente.

Alberto Collaud
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