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Desde que andás con ese sos otra

Claro que cuesta verte venir ahora con ese nuevo andar tan erguido y, aunque se te ve más alta, no puedo dejar de lamentar tu forma despreocupada de antes.

Aunque lo que más duele es esa indiferencia con que vas a pasar frente a la ventana del café sin siquiera dejar una mirada para la mesa que tantas veces te cobijó cuando andabas en la mala. Aquí festejamos con los muchachos tu último examen y en esta misma mesa compartimos la frustración del abandono.

Pero, claro, entonces eras una morocha de pelo libre y sonrisa fácil a la que siempre gastábamos porque no te ponías una pollera ni para una fiesta. Rebelde, con tus jeans gastados, discutías con ferocidad y citabas autores rusos que sólo vos y el Colorado Ramos conocían.

Verte ahora con ese pelo rubio a lo garçon y esas faldas de marca salidas de un desfile es una patada abajo que cuesta digerir. Lo peor es que vas a pasar sin vernos, seria y flotando en un perfume imposible, elegante y hermosa, pero irreconocible.

Tan cambiada estás que ya ni te llamás María y cuesta creerle a los muchachos cuando me insisten en que sos Natalia Rodríguez.

Alberto Collaud
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